sábado, 27 de julio de 2013

La época de los Jueces (IV): Elí

Elí, significa alto, elevado. Era juez y sumo sacerdote cuya historia aparece en 1 Sam. 1-4. Vivió en Silo, donde estuvo el Arca de la Alianza por un tiempo

Malas acciones de los hijos de Elí
La historia temprana de Samuel está conectada con la de los últimos días del anciano Elí, a quien sucedió en el oficio de juez, justo antes del nombramiento de Saúl como rey (1 Sam. 7,15; 8,22). Samuel fue consagrado al servicio del Señor por su piadosa madre, y estuvo al servicio del tabernáculo bajo Elí. Los dos hijos de Elí, Ofni y Finees, eran «hijos de Belial». Ayudaban a su padre, pero interferían en las ofrendas de la gente del pueblo, y pecaban en gran manera ante el pueblo. Elí habló con sus hijos acerca de las malas acciones que estaban cometiendo, pero no con la necesaria energía para impedir que deshonraran al Señor. La responsabilidad de mantener al pueblo de Dios ante Él residía en la casa sacerdotal. De ahí lo enorme del pecado de los jóvenes, y la gran responsabilidad de Elí por su negligencia.

El Señor le habló a Elí a través del niño Samuel, y le dijo claramente que estaba honrando a sus hijos antes que a Dios, detallándole algunos de los juicios que iban a abatirse sobre su casa, y que sus dos hijos morirían en un mismo día, y la palabra del Señor se cumplió. Éste fue el gran fracaso de Elí, aunque es evidente que por otra parte buscaba mantener el honor de Dios. Temblaba de temor cuando el arca fue llevada al campo de batalla, Los filisteos quedaron victoriosos en la batalla, Jofní y Pinjás estuvieron entre los muertos, y el arca fue secuestrada como parte del botín. Al oír estas tristes noticias, Elí cayó hacia atrás de la silla en que estaba sentado y murió desnucado. Había juzgado a Israel durante cuarenta años y tenía 98 (1 S. 1-4). 

Su descendiente Abiatar fue echado del sacerdocio por Salomón en cumplimiento de la palabra del Señor con respecto a la casa de Elí en Silo (1 R. 2,27).

sábado, 13 de julio de 2013

La época de los Jueces (III): Sansón

Sansón, en Hebreo, שִׁמְשׁוֹן, "del Sol", es uno de los últimos jueces. Es descrito en el Libro de los Jueces, entre los capítulos 13 y 16. Sansón se caracteriza por una figura hercúlea, usando una extraordinaria fuerza para combatir contra sus enemigos y llevar a cabo actos heroicos inalcanzables para la gente común: luchar contra un león (sin más armas que sus propias manos), acabar con todo un ejército con sólo una mandíbula de burro, o derribar un edificio. Representa la lucha de su pueblo contra los Filisteos.

El nacimiento de Sansón se sitúa dentro de una época en la que los israelitas eran oprimidos por los filisteos. Un ángel de Yahvé Elohim se apareció a Manoa, de la tribu de Dan, en la ciudad de Zora, y a su mujer, que era estéril. El ángel les predijo que su hijo liberaría a Israel de los filisteos. Según él, la futura madre no debía tomar ni vino ni sidra ni comer nada impuro. De acuerdo al nazareato (consagración al Dios Yahveh), el hijo no debía cortarse el cabello. Siendo joven, Sansón deja su pueblo para visitar las ciudades filisteas, donde se enamora de una mujer de la ciudad de Timnat, con quien decide contraer matrimonio, a pesar de la oposición de sus padres, que prefieren una joven israelita. Esta decisión se presenta como parte de un plan de Dios para atacar a los filisteos. De camino a la petición de mano, es atacado por un león al que da muerte. Yendo a la boda, observa entre los huesos del león un enjambre de abejas con miel, la cual prueba y luego ofrece a su padre.



Combate con los filisteos a causa del acertijo
En la fiesta de boda organizada por Sansón, el héroe propone a treinta mozos filisteos un acertijo; si lo resuelven, les daría treinta piezas de lino fino y otros tantos vestidos. Si no, ellos les harían el mismo regalo a Sansón. Tenían los siete días que duraba la fiesta para resolverlo. El acertijo es el siguiente: «Del que come salió comida, y del fuerte salió dulzura». El enigma es una referencia al león que mató y la miel que de él salió. Como sólo Sansón estaba presente en esa lucha, los treinta mozos no pueden obtener respuesta durante tres días. Al cuarto, se dirigen a su mujer, amenazándola con prenderle fuego a ella y a la casa de su padre si no descubre la solución. Ante los lloros de su esposa, Sansón decide al séptimo día contarle la respuesta, y ella se la da a sus paisanos. Antes de la puesta de Sol de ese séptimo día, los filisteos le hablan: «¿Qué hay más dulce que la miel, qué hay más fuerte que el león?». Sansón responde: «Si no hubieseis arado con mi novilla, no habríais adivinado mi acertijo»
Baja entonces a Ascalón, mata a treinta hombres, a los que roba sus vestidos, y se los da a los mozos. Contrariado, se aleja y llega a casa de su padre. Su esposa es dada a otro hombre. Cuando Sansón quiere verla, su suegro se niega, pero le ofrece la hermana menor de la mujer, más bella. En represalia, el israelita caza a trescientas zorras, atándolas por el rabo de dos en dos, y poniendo una tea entre ambos rabos, suelta a los animales por el campo, haciendo arder todas las cosechas enemigas. A su vez y para vengarse, los filisteos queman a su mujer y la casa del padre de ésta, a lo que Sansón responde dando a una paliza a muchos de ellos.

Sansón y Dalila, grabado de Gustav Doré
Tras esto, se refugia en la roca de Etán. Mientras tanto, los filisteos acuden a Judá pidiendo que entreguen a Sansón. Tres mil hombres de este pueblo le encuentran, y prometiéndole no matarle, le atan y se disponen a entregarle. Pero cuando esto iba a ocurrir, Sansón rompe las cuerdas, se libera, y usando la quijada de un asno, mata a mil filisteos. Después de esto, es juez de Israel durante veinte años.

Tras ese tiempo, Sansón huye a Gaza, quedándose en casa de una prostituta. Sus enemigos le esperan a la entrada de la ciudad para matarle, pero aprovechando la noche, rompe la puerta y se la lleva al monte en frente de Hebrón. Allí se enamora de Dalila (mujer filistea). Los filisteos, a cambio de monedas de plata, la sobornan (Jue. 16, 5-18) y la incitan a lograr que Sansón le revele el secreto de su fuerza. Sansón le engaña, respondiéndole que sería vencido si le atasen con siete cuerdas húmedas. Dalila le hace caso y le ata, pero él rompe las cuerdas fácilmente. La mujer vuelve a preguntarle, a lo que él responde que bastaría con atarle con cuerdas nuevas para que se convirtiese en un hombre normal. Ella le hace caso y él vuelve a romperlas con facilidad. Dalila insiste en querer saber su secreto, y Sansón vuelve a mentirle, diciéndole que se debilitaría si le atasen sus siete trenzas con hilos, sujetándolas con clavos. Ella lo intenta y vuelve a fracasar por tercera vez.

Tras mucha insistencia por parte de la mujer, Sansón le confiesa que perderá toda su fuerza si le cortan el cabello. Así lo hace un sirviente y le deja sin su extraordinaria fuerza. Es de notar que su fuerza se debía al juramento nazareo (Jue, 13,25; 15,18), el cual Sansón mismo había roto al despreciar la Ley divina que prohibía tomar como mujer a una extranjera (Deut. 7,3,4). Sansón no ignoraba que esa mujer era indigna (Jue 16,8). Los filisteos terminan capturándolo, le sacan los ojos y le llevan a Gaza, donde, prisionero, trabaja moliendo grano para sus enemigos. No obstante, su pelo vuelve a crecer, de modo que va recuperando su hercúlea fuerza.
Muerte de Sansón y destrucción del templo de Dagón, grabado de Gustav Doré


Un día, los jefes filisteos se reúnen en el templo para ofrecer un sacrificio a Dagón, por haber puesto en sus manos a su enemigo. Hacen llamar a Sansón para que les entretenga a ellos y a las tres mil personas que allí había. El israelita pide al joven que le conducía que le deje entre las columnas sobre las que descansa el edificio, para poder descansar. El edificio se vino abajo, de tal forma que mató a más personas al morir de las que había matado durante toda su vida. Sus familiares recuperan su cuerpo y le entierran cerca de la tumba de su padre, Manoa.