sábado, 24 de agosto de 2013

La Monarquia (I): Saúl

Saúl, primer rey de Israel, a finales del siglo XI a.C, aparece relatado en el libro primero de Samuel (a partir del capítulo 9 hasta el 31).

Ante las súplicas del pueblo al ya anciano juez Samuel para que nombrara un rey que los librara de los invasores filisteos, aquel, aunque creía que Dios debía ser el único soberano de Israel, consultó a Dios y ungió a Saúl, de la tribu de Benjamín. Saúl, hombre de gran valor y gran estatura, se mostró al principio un rey firme, que derrotó a amonitas, moabitas y filisteos, y estableció su capital en la ciudad liberada de Yábes-Galaad.

Saúl intenta matar de David, grabado de Gustav Doré
En el capítulo 15 de I Samuel encontramos cómo Saúl es rechazado por Dios dada su desobediencia en instrucciones de guerra específica (1 Sam. 15, 22). Debido a esto ordenó a Samuel que consagrara secretamente a David. Éste marchó a la corte de Saúl como arpista, pero los continuos triunfos militares que sucedieron a su victoria frente a Goliat provocaron los celos del rey, que intentó matarlo y debido a que Dios se había alejado de él en consecuencia (1 Sam. 16, 14). Gracias a la ayuda de su amigo Jonatán (1 Sam. 19) y a su esposa Mical, hija de Saúl, David pudo huir. La separación indubitable de Dios respecto a Saúl se lee en 1 Samuel 28, 15.

La narración bíblica sobre Saúl describe que éste, poseído por la ira ante la admiración del pueblo y de su propia familia por David, perdió paulatinamente la razón. Desesperado, evocó el supuesto espectro de Samuel, que profetizó una gran derrota de su ejército y su muerte. Al día siguiente, los filisteos destrozaron el ejército israelita en la Batalla del monte Gilboah y Saúl, para evitar su captura ya herido, se dio muerte junto a sus hijos (1 Sam. 31,4).